viernes, 15 de abril de 2016

doce días para vender el fracaso


Los partidos políticos en España se enfrentan, en cuestión de doce días, a uno de los retos comunicativos más difíciles que han tenido que afrontar en los últimos años, y los antecedentes no nos permiten ser optimistas respecto del posible éxito de algunos.

No nos encontramos ante una crisis política puesto que existe una salida regulada para esta situación. Pero, sin duda, sí estamos ante una parálisis grave de la política española provocada por la inoperancia de aquellos que la dirigen. Y he aquí el elemento clave de lo que vamos a vivir en las dos próximas semanas y, si nada lo remedia, durante los meses que dure la campaña. Los partidos necesitan evitar aparecer como los responsables y colocar esta etiqueta en el contrario para afrontar con ciertas garantías una nueva concurrencia electoral.

Este elemento de la comunicación, este escurrir el bulto sin disimulo, va a ser la estrategia de campaña de los cuatro grandes partidos, pero los hay que parten con cierta ventaja. Fundamentalmente, Ciudadanos, que ha conseguido posicionar su mensaje entre el Partido Popular y el Partido Socialista, y que se presenta cono el "verdadero" abanderado del diálogo y la negociación. Habrán de tener cuidado, pues su situación provocará un aluvión de críticas de uno y otro lado y, sobre todo, de Podemos. Pues ya se sabe, los que en la negociación fueron aliados, en la campaña serán enemigos. Y viceversa si fuera necesario. Esta es la política espectáculo que tenemos.

Por su parte, el Partido Popular, no sólo va a tener que luchar contra la imagen de bloqueo que intentan proyectar el resto sobre él, que incluso puede beneficiarle de cara a su electorado más fiel que lo entenderá como firmeza, sino que, su mayor problema será el inmovilismo adoptado. Va a ser muy difícil convencer a sus votantes de que son un partido confiable después de tres meses de no hacer nada, no llamar a nadie y, únicamente, quejarse de que el PSOE no ha querido sentarse con ellos. Tampoco sé que esperaban. En todo caso, durante la campaña, veremos como elevan el tono, como se muestran como un partido fiable, como la mejor alternativa y como un partido dispuesto a ceder en lo que sea necesario para vencer la parálisis. Eso sí, siempre que esa gran coalición la presida Mariano Rajoy.

Podemos, el más damnificado por la situación según las encuestas, ha vuelto ha realizar un movimiento, táctico diría un deportista, a la defensiva. La consulta a las bases, más allá de proyectar una imagen de democracia real que ha sido expresamente contradicha por el ejercicio del poder omnímodo de Pablo Iglesias, es una huida hacia delante. Necesitan este refrendo para construir un discurso de campaña efectivo, que vuelva a atraer a los votantes perdidos, basado en que su actitud de bloqueo ha respondido al sentir de las bases de su partido. Y entre tanto, necesitarán esa otra parte de la comunicación política, que es la que se dirige hacia dentro, para apaciguar disensiones, reafirmar confluencias y, si es posible, sumar a Izquierda Unida para salvarse de la debacle.

Y entre todas estas variantes destaca el Partido Socialista y, especialmente, su secretario general, que no son necesariamente lo mismo. A parte de acallar el conflicto interno y presentarse unidos a las probables elecciones, Pedro Sánchez necesita mejorar sustancialmente su resultado y, además, no verse superado por Podemos si estos se presentan con Izquierda Unida. Si no mejora su resultado y se convierte en una verdadera alternativa al Partido Popular le va a ser imposible negarse de nuevo a negociar y dejar al país sin gobierno otros seis meses. Si se ve relegado a la tercera posición será su fin. Lo único que le ha mantenido vivo ha sido la parálisis generalizada del Partido Popular y el haber vendido su imagen como candidato en la sesión de investidura. Ese será el mensaje a transmitir, el de ser la única alternativa fiable por la izquierda capaz de aunar las voluntades necesarias, siempre que Podemos (el gran enemigo encubierto) no decida, de nuevo, impedir el cambio.

Y después del resultado electoral, si se consuma el fracaso para el que todos llevan preparándose desde el dos de marzo, dos posibles alternativas. La primera, que Partido Popular y Ciudadanos puedan formar mayoría, que sin duda le saldrá muy cara a los de Génova 13 y, está por ver el precio personal que debería pagar Mariano Rajoy. La segunda, que esa suma no alcance mayoría, caso en el que la responsabilidad. si el pacto Ciudadanos PSOE sobrevive a la campaña, recaería en Podemos, y habrá que observar cuanta presión son capaces de soportar sus líderes. Hay más opciones, pero son tan imprevisibles que explorarlas sería un ejercicio de prestidigitación.

Hasta ese momento de catarsis nacional, que serán las elecciones o la formación de gobierno, iremos sobreviviendo entre blanqueos, prevaricaciones, recalificaciones, evasiones y corruptelas de todo tipo que son el leitmotiv de todos los días en esta España nuestra.


jueves, 10 de marzo de 2016

Europa no ha muerto, se ha suicidado


El 9 de mayo de 1950 Robert Schuman sabía que "la paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan", y afirmaba que "la contribución que una Europa organizada y viva puede aportar a la civilización es indispensable para el mantenimiento de unas relaciones pacíficas."

Sesentaiseis años han transcurrido desde la Declaración Schuman y Europa ya no está dispuesta a afrontar los trabajos que requiere el mantenimiento de la paz mundial, siquiera los que serían necesarios para el mantenimiento de un nivel de violencia soportable. Europa se ha cerrado, se vuelve sobre sí misma, ciega al devenir histórico, superada por los acontecimientos, vencida por aquellos que, desde dentro, se niegan a responder a la crisis humanitaria que vive Siria e, incluso, violan sin rubor sus obligaciones jurídicas internacionales. Europa hace tiempo que perdió su identidad, pero hoy, está peor que nunca.

Para un ciudadano europeo resulta dificil de entender cómo las instituciones de la UE han perdido de vista elementos centrales de sus objetivos. Las declaraciones solemnes contendias en el preámbulo del Tratado de la Unión Europea son hoy papel mojado. Hoy se puede perder toda fe en la promoción de la paz, la seguridad y el progreso por parte de Europa. Poca esperanza podíamos albergar tras escuchar a Donald Tusk, a la sazón Presidente del Consejo Europeo, pedir a los refugiados, que no inmigrantes ilegales, que se quedaran en sus casas, esas casas sitas en el campo de tiro de Siria, en vez de venir aquí. Pero todas las dudas se han despejado al darse a conocer el indigno acuerdo entre los 28 y Turquía.

Este acuerdo mina las bases de un principio esencial de la historia de la integración europea, el respeto y la promoción de los Derechos Humanos. El acuerdo da carta de naturaleza a una práctica que impide a un refigiado solicitar asilo en territorio europeo. Todo lo contrario, todos aquellos que consigan arribar a Europa son considerados inmigrantes ilegales e inmediatamente deportados a Turquía, a cambio, eso sí, Turquía mandará igual número de ciudadanos que hubieran obtenido el derecho de asilo por parte de este país. 

De modo que los países europeos no se hacen responsables de tramitar los procedimientos de asilo, ni son garantes de que estos procedimientos sigan los cauces legales establecidos. De hecho, dejan este trámite, fundamental para el reconocimiento de deechos, a un país que ni siquiera está sometido a la legislación común europea, que oprime a los Kurdos que son una parte importante de la población siria y que, sin duda, tiene en su gobierno a una serie de personajes poco amigos de ese documento que se vino en llamar Declaración Universal de los Derechos Humanos. No es Turquía, o mejor dicho, su gobierno, un socio fiable para delegar el reconocimiento del derecho de asilo de aquellos que huyen de la guerra.

Más allá de que Europa viole sus propias normas al no permitir la solicitud de asilo en embajadas, de que hoy admita lo que hace unos meses recriminaba a España por ser ilegal según su propio derecho (las devoluciones en frontera), de que se levanten vayas fronterizas entre nuestros estados, o que se acuerden administrativamente (hablo de la ruptura de la libertad de circulación por el acuerdo con el Reino Unido), o de que incluso sus máximos representantes adopten discursos que podría sostener el Frente Nacional en Francia. Lo dramático no es sólo esto. Lo verdaderamente dramático es que esa Europa integradora, faro de la democracia, la paz y los derechos humanos ya no existe. Ahora sólo somos un conjunto de intereses económicos insensibles al sufrimiento ajeno, siempre que una cámara de televisión no grabe a un niño muerto en nuestras playas.

Europa es irrelevante en el mundo, es consciente de su irrelevancia, y lo ha vuelto a demostrar. Únicamente desde la insignificancia política y la indignidad moral se puede renunciar a los principios más elementales de tu fundación, dar la espalda al sufrimiento humano, no hacer nada en cinco años para acabar con una guerra cruenta y, finalmente, negar la ayuda a aquellos que han cometido la osadía de irse de sus casas para huir de una muerte segura. Así, Europa, ¿para qué?


lunes, 29 de febrero de 2016

Cuatro perfiles para una investidura


Empezamos hoy una semana de investidura o, posiblemente, de no investidura. Pero esto no debe obviar la posibilidad de asistir, con mayor o menor estupor, a los juegos de manos que nos depararán estos cinco días de alocada política de urgencia.

De los cuatro grandes líderes de los partidos más votados, pues no creo que haya verdaderos líderes políticos entre ellos en estos momentos, se derivan cuatro perfiles bien diferenciados y que, en los más de dos meses que han pasado de las elecciones, han desarrollado sus papeles con exquisita fidelidad.

El primero (por orden de votos): El observador externo. Es una figura que en filosofía se identifica con aquel que se dedica al estudio de una materia concreta, política en este caso, pero que es ajeno a la misma, es decir, no se ve afectado por los determinantes que condicionan la situación. De modo que puede mantener su imparcialidad y actuar como un científico que disecciona una realidad. Este es el papel de Mariano Rajoy, al que probablemente veamos despertar de su tedioso letargo lanzando aldabonazos a diestro y siniestro en las sesiones de investidura. Su problema, que su inactividad cansó hace mucho a la ciudadanía, lo desacredita minuto a minuto como el líder que necesita el país y su incapacidad total de diálogo, suya y de los suyos, los convierten en una opción aislada e inoperante más allá de las mayorías absolutas.

El segundo: El trilero. Pedro Sánchez hoy ha confirmado los temores de los más avezados optimistas. Está jugando a dos bandas, con dos barajas, naranja y morada respectivamente. Sabe perfectamente que su pacto con Ciudadanos no tiene ninguna utilidad, a parte de presionar a Podemos y compañía para que se bajen del burro y se sienten para alcanzar un verdadero "gobierno del cambio progresista". Lo acaba de decir en el Comité Federal del PSOE, que va a ofrecer un pacto a las fuerzas de la izquierda que va mucho más allá del alcanzado con Ciudadanos, vamos que este se lo va a cargar en cuanto alcance aquel, si lo alcanza. Y todo esto, no se ruboricen, después de pedir a los afiliados que aprueben con sus votos darle permiso para hacer lo que le dé la realísima gana. Si no se lo creen lean la pregunta que les hicieron, a ver si ustedes descubren que estaban aprobando.

El tercero: El agitador profesional. Ya lo hemos visto, la nueva política desde la izquierda se basa en no negociar, hacer declaraciones grandilocuentes, montar pollos regularmente, y cuando no hay motivos inventarlos, exigir poder, fidelidad a los jueces, dinero a los ciudadanos, pleitesía al PSOE y todo, sin el menor asomo de rubor. Lo importante es conseguir espacio en los telediarios y vender al resto como reaccionarios que pretenden destruir a la clase obrera, sea quien sea quien la integre. Su política es conflictual, y sus tácticas guerrilleras y, salvo que la izquierda más moderada reaccione, será enormemente efectiva y más desde el ejercicio del poder amparado por unos socialistas perdidos y superados.

El cuarto: El pactista voluntarioso. Esto es Rivera ahora mismo. Un hombre tras un pacto, un partido tras un acuerdo. Si lo consiguen serán vistos como la tercera vía moderada, aquellos que son capaces de sentarse a hablar, ceder y alcanzar acuerdos que den la estabilidad que no tenemos. Les criticarán por ser políticos sin ideología, por no defender con firmeza sus principios, medidas, ideas o políticas. Pero eso no lo pueden evitar, es la contestación de la visión de la política como un conflicto continuo de intereses en el que la única forma que tienen de progresar estos es la imposición de los mismo. En todo caso, de momento solo son la herramienta de presión del PSOE para forzar a sus partidos a la izquierda, y en eso parece que se van a quedar para, finalmente, ser vapuleados por todos los demás.

En fin, veremos si al final se alcanza un acuerdo de investidura, hay dos mese. Yo diría que sí se va a conseguir, salvo que a los que tienen la llave del acuerdo (fundamentalmente Podemos) las encuestas les den buenas perspectivas de colocarse segundos. Ahí está mi apuesta, no habrá elecciones, lo que no sabría decir es si que haya acuerdo es mejor o peor, eso dependerá de qué acuerdo se suscriba. Veremos... 

domingo, 29 de noviembre de 2015

Rajoy y Sánchez plantan a la universidad


El viernes pasado se vivió en el auditorio de la Universidad Carlos III un acontecimiento inédito. Una asociación de estudiantes había organizado un debate entre cuatro candidatos a la presidencia del gobierno, a saber, Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Sus pretensiones eran ambiciosas, su intención la mejor, hacer de la universidad pública española lo que debe ser, un foro de debate activo, vital y productivo en el que, libremente, los candidatos podían trasladar su mensaje y someterse al escrutinio de una parte fundamental de la sociedad española, la comunidad universitaria.

Pero no fue posible. Los candidatos del Partido Popular y del Partido Socialista Obrero Español decidieron no acudir. Debían estar demasiado ocupados haciendo zumos o jugando al futbolín con Bertín Osborne, puede incluso que escuchando las canciones de su vida con María Teresa Campos, y claro, es de vital importancia para elegir al próximo presidente del gobierno descubrir si es capaz de hacer bien un zumo o partir bien una empanada que escuchar sus propuestas y preguntarle directamente sobre ellas, dónde va a parar.

Yo ya no aspiro a que los partidos hagan aquello que yo creo que es mejor, sería presuntuoso y extremadamente frustrante, pues considero que lo primero es sostener una comunicación activa con el ciudadano, y desde la televisión es imposible. No, no aspiro si quiera a que los dos grandes partidos valoren mínimamente a la institución universitaria o la respeten lo suficiente como para mostrar algún interés, aunque sea impostado, por ella y acudan a un debate abierto con el futuro de nuestro país, los estudiantes universitarios. Mi única aspiración política respecto de esos dos partidos es que no nos tomen por tontos, por borregos ilusos, y no pongan de excusa para no ir a donde deben que tienen problemas de agenda, cuando lo que sucede es que los jóvenes universitarios, sus preocupaciones, intereses, preguntas y peticiones no les importan un bledo.

Por eso han sido incapaces estos candidatos de acudir al primer debate presidencial que se organizaba en España en una universidad pública. Huelga decir que no tiene la misma proyección pública que un debate televisado, pero este era un debate de verdad, con público, sin tiempos encorsetados, con preguntas sin filtro, es decir, imprevisible. Y esta falta de control es lo que le hace realmente productivo para el que escucha, porque puede ver al político de verdad, no al autómata que recita fichas y discursos absolutamente preparados para conseguir dar la mejor imagen, no la más real.

Al menos ya sabemos a que atenernos. Podemos elegir libremente entre dos partidos que se esconden de los debates abiertos, directos, sinceros, universitarios. Dos partidos que desprecian la vida universitaria, lo que representa, y lo que tiene de utilidad para la sociedad que es, entre otras muchas cosas, la capacidad de generar un debate político de calidad. Y dos partidos que se arriesgan, que debaten con quien les llama, que dignifican la labor universitaria más allá de las frías declaraciones de los programas electorales, en definitiva, dos partidos que no tienen miedo a los ciudadanos, sino que lo que tienen son ganas de hablar, debatir y acordar con ellos.

Y mientras que llegan las elecciones veremos como los miembros de esos dos partidos hacen todo lo posible por desacreditar personal, política e intelectualmente a Pablo Iglesias y Albert Rivera, comenzando por lo que no pasó de ser una anécdota, el hecho de que el primero citara mal y el segundo no hubiera leido a Kant. Muy bien, al menos ellos estaban allí para responder a la pregunta, de Rajoy y Sánchez nada supimos en la Universidad Carlos III.


viernes, 30 de octubre de 2015

Desmontando la democracia catalana


Desde las instituciones políticas, sociales y periodísticas catalanas se insiste, machaconamente, en la exigencia de respeto a la voluntad democrática y mayoritaria del pueblo catalán de independizarse de España. No voy a valorar el adjetivo "mayoritario", existen suficientes evidencias empíricas y datos estadísticos para valorar los verdaderos intereses del conjunto de la ciudadanía catalana. Únicamente diré de la CUP que ha engañado públicamente a todos al afirmar que si su opción independentista no conseguía más del 50% de los votos no pretenderían declarar la independencia unilateral y, ahora, parece que es su pretensión más inmediata. Será la misma democracia la que les exija responsabilidades.

Hemos de revelarnos contra la colonización de los conceptos de democracia, libertad o voluntad cívica, que no son propiedad del independentismo catalán. Un sistema democrático, que sólo puede desarrollarse en el marco de un Estado de Derecho, implica, necesariamente, el respeto a los principios del imperio de la ley o la separación de poderes, entre otros. Nadie, ni individualmente ni colectivamente, está ni debe estar por encima de la ley. Esa forma de relación entre el Poder y el Derecho que sostienen sin decirlo, que es de supremacía del primero sobre el segundo, lo que los antiguos llamaban el gobierno de los hombres, en vez de el gobierno de las leyes, no ofrece ninguna garantía de respeto a los derechos de los ciudadano, ni si quiera a los más elementales.

El fundamento necesario de todo Estado Democrático de Derecho, además de la participación política, es el respeto y sometimiento de todos los poderes de ese Estado a la ley. Sin este requisito previo no podemos asegurar la libertad de los ciudadanos ni el respeto a su voluntad democrática y, por tanto, nos situaríamos en el marco de otro modelo de Estado, en el marco de un modelo de Estado evidentemente peor.

Ya es hora, hace bastante que debió de sonar la alarma del reloj para avisar de que había llegado el momento, de empezar a hablar con claridad y decir, sin rubor, que los líderes del independentismo catalán están intentando tomarnos el pelo. La democracia no es votar de cualquier manera, es hacerlo dentro del marco legal y con garantías y si se hace de otra manera, hay que responder ante ese otro poder del estado llamado judicial. La democracia exige el derecho a imponer tus ideas (incluso las de los grupos mayoritarios) sino el derecho a defenderlas pública y legítimamente e intentar llevarlas a cabo en el marco de la ley.

La defensa de la democracia exige la defensa de la legislación vigente, la defensa de la democracia exige la defensa de los derechos de todos los ciudadanos, la defensa de la democracia exige la independencia judicial, la defensa de la democracia exige el respeto a las ideas, el debate político y la intransigencia con los actos anti-jurídicos, ninguna otra cosa se le puede pedir al resto de poderes del Estado. 

Hablemos de todo, con todos y en cualquier momento, debatamos propuestas políticas, pensemos nuestro modelo de Estado, puede que deba ser otro, no lo sé, pero esta reflexión, esta negociación debe ser libre, no puede basarse en la amenaza de una parte de desobedecer cualquier legislación contraria a sus intereses, y hagámoslo con el necesario respeto a la ley por parte de todos los poderes del Estado, es la única protección que los ciudadanos ostentamos contra la arbitrariedad y la injusticia.

lunes, 19 de octubre de 2015

Bastones contra jueces y fiscales



Escribir en domingo, con el cuerpo descansado, la mente despejada y el ánimo calmado me permite, sin los exabruptos ni las alharacas propias de la excitación temporal, ofrecer una visión pausada de unos acontecimientos agitados, en este caso, esa procesión de bastones y banderas que, en acompañamiento marcial por las calles de Barcelona, como muestra de un fervor popular y "expontáneo", arropó al President de la Generalitat para declarar ante los tribunales opresores del Estado Español y a enfrentarse a esa especie de gestapillo que es la Fiscalía.

Vaya por delante que el trato denigrante que se le da en este país a la Fiscalía y a la justicia en su conjunto no es patrimonio exclusivo del independentismo catalán, sino afición compartida por todos aquellos grupos políticos que se han visto envueltos en procedimientos judiciales. Lo que sí es patrimonio de Artur Mas y su cuadrilla es llevar la presión pública a un nivel desconocido hasta hoy.

La Administración de Justicia no es más justa o acertada cuando nos da la razón, ni la Fiscalía menos o más independiente cuando solicita nuestro procesamiento, como ahora, o cuando rechaza la solicitud de retirar las urnas el día que se celebraba la consulta catalana. Nuestro diseño institucional en general, y el del Ministerio Fiscal en particular, puede ser manifiestamente mejorable y, sin ninguna duda, mucho más claro y comprensible para el ciudadano, pero funciona con bastante eficacia, honestidad y siempre dentro de las competencias, límites y salvaguardas que la ley determina, algo que otros no pueden decir.

La pretensión de hacer política con lo que únicamente es un procedimiento judicial que investiga posibles delitos cometidos por funcionarios públicos es impresentable. La intención de presentar este proceso como un ataque a la libertad del pueblo y la democracia de Cataluña es, simplemente, mentira. Presentar ésto como un conflicto entre los líderes del pueblo catalán y los tribunales del Estado Español, como si fueran de un país extranjero, roza lo absurdo. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y la Fiscalía del mismo tribunal no son poderes extranjeros que estén usurpando unas competencias que no les son propias sino que, precisamente, lo que están haciendo es investigar si se ha violado la legalidad que sostiene el sistema democrático en España, y por tanto en Cataluña, y si la actuación de funcionarios públicos se ha ajustado a las disposiciones legales correspondientes.

Cicerón afirmaba que la libertad es el sometimiento exclusivo a la Ley, porque fuera de ella el poder individual de unos pocos hombres puede conculcar los derechos de muchos otros. Esta es la base del sistema democrático, el sometimiento de todos los poderes al imperio de la ley y, también, la existencia de cauces pacíficos para su modificación basados en el principio de participación política. Y para todo lo que quede fuera de la ley existe el Poder Judicial.

Dentro de la ley hay que sentarse, hablar, negociar, alcanzar acuerdos y convivir. Dentro de la ley hay que respetar al Poder Judicial, su actividad y sus decisiones independientemente del signo político afectado por las mismas, dentro de la ley hay futuro, fuera de ella... nadie puede asegurar que quebrantada para la independencia no se vuelva a quebrantar para otro tipo de intereses particulares.

Entre tanto, quizá sea mejor evitar imágenes como las que vimos en esa procesión de banderas y bastones. La gente es perfectamente libre de manifestarse como y cuando desee, pero no se puede pretender amedrentar al Poder Judicial. Aquello no era un grupo más o menos amplio de personas manifestándose en apoyo de un representante político, era una representación organizada para ejercer toda la influencia posible en el marco de un proceso judicial.

En este proceso político faltan héroes o, mejor dicho, buenas razones para serlo, por eso necesitan escudarse tras las banderas y los bastones.


martes, 16 de junio de 2015

Del cambio tranquilo y los Robespierre del siglo XXI


"El rey debe morir para que el país pueda vivir". Cambien la palabra rey por banquero, empresario, capitalista o cualquier político de un partido que no sea el mio o, según el caso, hombre y ya tenemos a un Robespierre del siglo XXI. Eso sí, gracias al proceso de humanización del derecho penal, y a las fórmulas democráticas de sustitución de gobiernos, las guillotinas sólo las vemos en Twitter y, como recordarán de otro artículo de este blog, en el tipo de manifestaciones a las que acudían los concejales del Ayuntamiento de Madrid antes de serlo, al menos, de momento.

El caso del concejal Zapata, que sigue siéndolo, y de sus comentarios de escaso gusto en Twitter podría ser una anécdota entre un grupo de personas de comportamiento social intachable, pero no parece que lo sea. El "humor" negro es un tipo de humor muy delicado, que de tenerlo uno lo debe guardar para compartirlo con aquellas personas que lo entienden y aceptan y, por supuesto, sin hacer publicidad del mismo, dado que muchas personas se pueden sentir profundamente dolidas y ofendidas por los comentarios vertidos. 

Pero con todo, Zapata sólo es un caso de una incontinencia verbal impropia de un representante de la sociedad madrileña. Porque ahora sus comentarios no son los de un ciudadano que no conoce nadie, sino que tienen una repercusión pública que hacen de ellos ofensas mucho mayores para las víctimas de sus chistes, y afectan severamente a la reputación de todos nosotros como madrileños.

Sin embargo, encontramos casos de concejales de la misma formación que no son simplemente indecentes en sus comentarios públicos, sino que sus intervenciones en redes sociales traslucen un nivel de violencia visceral, de odio al diferente difícilmente compatible con el ejercicio de la representación democrática de la ciudadanía en su conjunto. Y que por mucho que Manuela Carmena se felicite del cambio ideológico operado por sus concejales en el tiempo transcurrido desde sus comentarios ofensivos y violentos a la asunción de responsabilidades públicas, más parece impostura obligada que verdadera redención.

Desear la muerte o sufrimientos y torturas físicas a cualquier persona, también a representantes políticos, no sólo puede ser constitutivo de delito, sino que además, no creo que represente el cambio político que necesita España. Así como tampoco creo que la renovación que requería el Ayuntamiento de Madrid pase por disponer que la portavoz del grupo municipal que sostiene al gobierno de la ciudad sea la misma persona a la que la fiscalía le solicita un año de prisión por un delito contra la libertad de conciencia.

Probablemente no sean los únicos casos que descubramos, pero desde luego ha sido un comienzo apoteósico. Lo único que pido es que, al menos, no sigan intentándonos tomar el pelo diciéndonos que los comentarios están sacados de contexto, o que esto es parte de una persecución política para hacerles caer. Acepten como son ustedes, y asuman las responsabilidades que crean que deben asumir, que si los ciudadanos exigen más se lo harán saber en apenas seis meses.

España necesita más y mejores palabras, menos insultos y amenazas, medidas sociales realistas y efectivas, no guillotinas, horcas o incendios bancarios. Busquemos el cambio, pero el cambio tranquilo, razonable, equilibrado y confiable. Un cambio en el que quepamos todos, en el que todos encontremos nuestro sitio. Si el camino del cambio que proponen es el de la revolución contra el enemigo, que no es otro que el diferente, sus votantes quizá deberían empezar a buscar otras propuestas, otros partidos, otras opciones, que se desarrollen desde la política de la tolerancia, no desde la del odio.